Capítulo 39: Digestión (2)
“¿Así que no trajiste nada?”.
Lejos de la aldea de Arhan, en lo profundo de una hondonada montañosa velada por árboles altos, una voz escalofriante resonó dentro de una cabaña decrépita.
La fuente de esa voz era un hombre de edad avanzada; su rostro estaba surcado por innumerables arrugas y su frágil cuerpo se mecía suavemente en una silla que crujía.
“Sí, s-sí. Dijeron que no t-tenían nada para darme. Me t-trataron como a una especie de leproso…”.
“Hmm. Te vestiste lastimosamente para despertar la compasión humana y, aun así, no funcionó. Manipular las emociones es realmente difícil. Una huérfana miserable, una apariencia de mendiga, una niña hambrienta; pensé que esas tres cosas serían suficientes”.
“Lo s-siento mucho. Lo siento tanto…”.
Ante el anciano de voz fría, una niña pequeña inclinaba la cabeza con miedo, disculpándose una y otra vez. Su rostro manchado de tierra y sus extremidades emaciadas la hacían ver lo suficientemente frágil como para romperse si la tocaban.
“Aun así, has aprendido algo útil. Pensé que esa aldea estaba desierta, pero resulta que alguien vive allí. Y al contrario de los rumores —que un monstruo acechaba el lugar, o que otro mago negro ya se había apoderado de él—, no es más que una chica que sabe cómo blandir una espada”.
El anciano tamborileó el brazo de su silla con el dedo, sonriendo levemente.
“Por lo que mis ojos dispersos han visto, ella es, a lo mucho, una ‘Caminante de la Espada’. La eliminaré y construiré un nuevo laberinto allí. De todos modos, ya me harté de esta choza mugrienta. Me gustaría bañarme en agua caliente otra vez”.
“En-entonces, ¿me perdonará…?”.
“No. Incluso si trajiste buena información, aun así fallaste en la tarea que te encomendé originalmente”.
El anciano se inclinó hacia adelante y movió un dedo. En ese instante, la niña que había estado arrodillada se enderezó bruscamente como si fuera jalada por hilos invisibles. Su mirada fría recorrió su figura temblorosa.
“Mi orden fue que me trajeras comida, y fallaste. Eso significa que debes recibir un castigo por tu fracaso. Mi querida niña, así es el camino de un mago”.
“Ah… ah…”.
“Solo una semana más sin comida. Tenía curiosidad por saber qué le sucede al cuerpo de un niño tras más de diez días de inanición. Lo examinaré cuidadosamente, pieza por pieza, para mi estudio mágico”.
Los ojos de la niña temblaron violentamente. Las lágrimas brotaron mientras la mano arrugada del anciano se extendía y le acariciaba la cabeza. Su voz se volvió casi gentil.
“¿Por qué esa cara, Hailyn? Deberías darme las gracias cuando termine de hablar”.
Bajo ese contacto, la niña —Hailyn— forzó sus labios hacia arriba en una sonrisa frágil, ignorando el temblor de su cuerpo. Era lo único que podía hacer ante el viejo mago negro.
“Sí, s-sí… gr-gracias”.
Para seguir viva.
“Si aguantas la semana, dejaré que te comas a esa chica que te echó. Siempre me he preguntado: ¿qué sucede cuando un humano se come a otro entero y crudo? ¿Qué emociones podrían surgir…?”.
Incluso mientras él pronunciaba esas palabras grotescas, Hailyn solo podía seguir sonriendo, maldiciendo su propio destino lamentable en manos de este aterrador mago negro.
***
Encendí un fuego y puse 「Instinto Salvaje」 encima para calentarla. Calentar esta espada monstruosamente grande era una tortura en sí misma. Levantarla con ambas manos ya era un esfuerzo; meterse siquiera un solo trozo en la boca de una vez era imposible.
「Parece que estás asando a una bestia entera para un banquete.」
“Si es un banquete, es uno que tengo que sufrir a solas; es más una tortura que una celebración”.
「Instinto Salvaje」 —la espada que una vez empuñó un guerrero orco— era enorme.
Incluso los mejores caballeros tendrían dificultades para blandir algo así. Era increíble que algo así hubiera sido fabricado como un arma. Una hoja de este tamaño parecía más adecuada como una reliquia ceremonial o un accesorio para una estatua.
“Uff”.
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Una vez que la espada estuvo caliente, la rompí en pedazos que pudiera manejar. Luego, lentamente, me llevé uno de esos fragmentos a la boca. En el instante en que el trozo tocó mi lengua, la agonía surgió a través de mí.
“Urgh…”.
No podía tragarlo de un solo golpe. Tenía que soportar ese dolor: masticar, tragar y luego repetir. La agonía era varias veces peor que durante cualquiera de mis ingestiones anteriores.
“Ugh— ngh…”.
Mi garganta se desgarró, mi lengua sangró y sentí como si me hubiera tragado una bola de fuego fundido. Todo mi cuerpo ardía. Sentía como si mi cerebro estuviera hirviendo hasta convertirse en lodo, pero apreté los dientes y me obligué a mantener la conciencia. Incluso cuando el cielo azul claro se volvió amarillo y la brillante luz del sol se atenuó, resistí. Poco a poco, mastiqué y tragué hasta que no quedó ningún fragmento de 「Instinto Salvaje」.
Se sintió como ser arrojado vivo a un horno.
El dolor se extendió desde mi estómago hacia mi corazón, mi cerebro e incluso mis ojos. Cada aliento se sentía como llamas danzando dentro de mí. Mis puños se apretaron con tanta fuerza que mis uñas cortaron mis palmas y la sangre goteó al suelo. El vello de mi cuerpo se erizó y, en medio del calor abrasador, los recuerdos comenzaron a surgir.
No eran míos, sino los del antiguo dueño de la hoja.
『No hay paraíso adonde huyas.』
『Esa creencia guio mi vida entera.』
***
No hay paraíso adonde huyas.
Esa creencia guio mi vida entera.
“¡Beric!”.
Mi madre me dio a luz bajo el sol abrasador, en las vastas llanuras que limitan con las Montañas del Cielo.
Era una valiente guerrera orca que deseaba que el primer sonido de su hijo no fuera un grito de dolor.
Así que dio a luz sin partera, sudando y mordiéndose el labio, sonriendo cuando me vio por primera vez.
“Beric, mi hijo”.
Mi madre quería que me convirtiera en un guerrero valiente, el sueño de todas las madres orcas.
Soportó su dolor sin un grito, saludándome con risas en su lugar. Fue un acto noble. Pero la naturaleza era cruel. Ya fuera por su edad, el entorno hostil o el simple destino, mi madre falleció poco después de darme la vida, regresando con los antepasados.
“Está bien, Beric. Ella siempre estará con nosotros”.
Las palabras del chamán en el funeral no me trajeron consuelo.
Si ya no podía abrazarla, comer con ella o escucharla decir que me amaba, ¿cómo podía seguir “conmigo”? Mientras los demás bailaban alrededor del fuego, yo solo sentía confusión.
Lo cuestionaba todo: cuando mis hermanos caían en batalla contra las bestias de las llanuras, cuando mis amigos desafiaban a los caballeros imperiales y regresaban decapitados.
A pesar del dolor que mi madre había soportado para traerme al mundo, yo era un orco cobarde.
Temía a la muerte. Me faltaba valor. Y un orco sin valor… no era un orco en absoluto.
“¡Beric! Otra vez tú… ¡tch!”.
Un orco nunca debe cuestionar.
Un guerrero debe enfrentarse incluso al enemigo más poderoso de frente y aceptar la muerte con dignidad. Para proteger a los suyos, un orco debe estar dispuesto a desafiar al mundo mismo.
Pero yo no podía. Así que todos me llamaban “Beric el Cobarde”.
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“Huiste de nuevo, ¿verdad, Beric?”.
Huí ante un lobo gigante.
Temblé ante un gigante de piel de piedra.
Cuando mis amigos cayeron ante un caballero imperial, incliné la cabeza en silencio, demasiado asustado para vengarlos. Porque temía a la muerte.
Una vez, le pregunté a mi padre: “¡Padre! ¿No tienes miedo a la muerte?”.
Él era un guerrero poderoso, respetado por todos. Desde mi juventud, su amplia espalda me había parecido inmensa, inquebrantable. Incluso su sonrisa colmilluda era magnífica.
Después de preguntarle, me preparé para ser regañado o avergonzado como una desgracia. Pero él no hizo eso.
“Yo también temo a la muerte, Beric”.
Habló con amabilidad.
“Dicen que regresamos con nuestros antepasados, pero ¿quién sabe realmente qué hay más allá? Ser atravesado por una lanza duele. Cuando me da fiebre y toso todo el día, es miserable.
Si esos pequeños dolores duelen tanto, ¿qué tan terrible debe ser la muerte? Cuando me enfrento a monstruos o caballeros con armadura, siento miedo… miedo de poder perder”.
Susurró palabras que nunca habría dicho ante otros.
“Así que entiendo tu miedo, hijo mío”.
Esa honestidad lo hizo parecer aún más grande ese día.
“Pero aun así, no debemos huir”.
“¿Por qué no?”.
“Porque no hay paraíso adonde huyas”.
Sus pesadas palabras golpearon directamente mi corazón.
“Incluso si enemigos monstruosos aparecen ante ti, incluso si vienen ejércitos interminables, incluso si llueven truenos y relámpagos… hay momentos en los que no debes huir”.
“……”.
“Porque solo entonces puedes proteger esas vidas preciosas detrás de ti”.
Sus ojos brillaban claros y azules, como el cielo infinito sobre las llanuras.
“Lo entenderás algún día. Eres un buen orco, mi hijo”.
“……”.
“Hasta entonces, puedes esconderte detrás de mí. Yo peleo al frente para que tú puedas hacerlo. Así que no te avergüences, mi tesoro”.
Y con esas palabras, mi padre tomó su hacha. Su paso era audaz y orgulloso; su espalda tan ancha y fuerte como siempre.
Nunca olvidé esa imagen.
Esa noche, murió defendiendo las llanuras de una Oleada de Monstruos.
Esa fue la última vez que vi su espalda.
Fue una noche de truenos. Muchos habían caído y el funeral fue grandioso. Después de los ritos, busqué al fatigado chamán. En medio de la tormenta rugiente, me miró con una sonrisa extraña.
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“¿Qué pasa, cobarde?”.
En ese momento, las palabras de mi padre resonaron en mi cabeza.
“¡Yo… yo quiero someterme a la prueba de iniciación!”.
No hay paraíso adonde huyas.
“¡Lucharé! ¡Tomaré el hacha… en la línea del frente!”.
Ya no había una espalda fuerte detrás de la cual esconderse.
“¡Igual que mi padre!”.
Un niño no puede ser un niño para siempre. No puedes huir eternamente. Cuando la infancia termina, debes dar un paso al mundo, incluso si te aterra.
“Así que finalmente te has convertido en un adulto”.
Esa noche de tormenta, completé mi iniciación. Dentro de mí se heredó el alma del guerrero más grande que conocí: mi padre.
“Ahora eres un guerrero, Beric el Cobarde”.
A medida que pasaban los años, mi cuerpo creció asombrosamente. La fuerza transmitida por mis padres nunca dejó de expandirse.
Me volví más grande y fuerte que la mayoría de los orcos, con una figura poderosa capaz de proteger a mi gente en las líneas del frente. Y así, empuñé un arma adecuada para ese cuerpo: una espada colosal.
Más gruesa y pesada que cualquier otra en el campo de batalla, era una hoja forjada de la voluntad de no huir jamás.
Para mantenerme firme, incluso bajo olas rompientes y relámpagos.
Mi Instinto Salvaje.
Con el tiempo, mi gente llegó a llamarme Beric el Gran Guerrero.
Y entonces, una vez más, golpeó una Oleada de Monstruos.
***
“Hm”.
Después de seguir al Pequeño Gladiador, Arhan, hasta la aldea, la rutina diaria de Seol Yoon se había mantenido simple. Despertar al amanecer, estirar, trotar y luego entrenar con la espada.
Aquí no había diversiones, y Seol Yoon nunca las había necesitado. Toda su vida giraba en torno a la espada. Pero hoy, durante su rutina, su mirada seguía desviándose hacia la mansión en la colina.
Habían pasado tres días desde que Arhan regresó de su viaje y, sin embargo, no había salido ni una sola vez. Sin entrenamiento, sin apariciones. Nada.
“¿Pasó algo?”.
Aunque era indiferente por naturaleza, incluso Seol Yoon podía preocuparse.
Después de todo, él se había enfermado durante días tras su duelo como guerrero representante de Fetel.
Era frágil; casi como si tuviera huesos de cristal.
Viajando así… fácilmente podría haber pescado una fiebre.
‘Me está inquietando’.
No podía ignorar a alguien que podría estar herido. No por cortesía, sino por sus propias cicatrices, remanentes de su pasado. Finalmente, decidió ir a verlo por sí misma.
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Y entonces… “Hu… huu…”.
Seol Yoon se congeló ante la vista frente a ella.
“¿Qué… eres?”.
“Ah, Lady Seol. ¿Qué la trae por aquí? ¿Sucedió algo?”.
“Bueno… no habías salido en tres días”.
“¿Ya pasó tanto tiempo? Debe haber estado preocupada. Como puede ver, he estado… concentrado en el entrenamiento”.
El niño que una vez conoció se había ido.
“Mis disculpas. Me absorbí por completo”.
Arhan ahora era más alto que Seol Yoon. Sus hombros se habían ensanchado, su figura era densa con fibras musculares fuertemente unidas, como si se hubiera saltado la adolescencia y hubiera entrado directamente en la edad adulta. Su cuerpo parecía el de un guerrero veterano que se había enfrentado a incontables batallas: forjado de puro acero.
“Se lo explicaré todo más tarde. Ahora mismo, no puedo desperdiciar ni un solo minuto”.
El niño se había convertido en un hombre.
***
「Nombre: Instinto Salvaje」
「Un mandoble masivo y pesado que una vez perteneció al Gran Guerrero Orco, Beric」.
「Tan grande y pesada que pocos pueden siquiera levantarla」.
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「Efecto de Ingestión」
「Adquiere la esgrima de Beric y el físico de un guerrero」.
「Tu cuerpo será reforjado para coincidir con la esgrima del gran guerrero」.
「La capacidad física actual está muy por debajo de la del portador original」.
「El proceso de reforja procederá intensamente para asegurar una digestión adecuada」.
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「El cuerpo que porta la Sangre de Acero se fortalece con cada golpe」.
「Mientras la digestión procede, continúa golpeando tu cuerpo sin descanso」.
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